Una vez confirmadas las peores noticias, es con gran consternación y dolor que la familia de compositores que forma AMCC anuncia el fallecimiento de nuestra socia fundadora y primera presidenta, la compositora María Luisa Manchado Torres (Marisa Manchado, 1956-2026), como una de las víctimas del trágico accidente ferroviario sucedido en España el pasado 28 de octubre.
Marisa Manchado se dirigía ese día a Sevilla para participar en un encuentro organizado por la facultad de Ciencias de la Educación de la Universidad de Sevilla, dentro de la apretada agenda en la que se venía desenvolviendo desde que obtuvo el Premio Nacional de Música en la categoría de composición en 2024. En realidad, toda su trayectoria fue tan intensa como su personalidad. Su actividad se desarrolló en varios ámbitos que conviene entender conjuntamente: la creación artística, la investigación musical, la educación, la divulgación feminista y el asociacionismo profesional. En este último terreno destaca especialmente su papel como fundadora y primera presidenta de la Asociación Madrileña de Compositores (AMCC), desde su creación en 1998 hasta el año 2000.
La creación de la AMCC fue una de las expresiones de su compromiso con la música y con quienes la hacen posible. En febrero de 1998, Marisa encabezó la primera junta directiva de la asociación, acompañada por Enrique Igoa en la vicepresidencia, José Luis Carles en la secretaría, Juan Pagán en la tesorería y José Luis Turina, Mercedes Zavala, Jacobo Durán-Loriga, Pilar Jurado y Zulema de la Cruz como vocales. Desde aquella primera reunión en el Hotel Suecia de Madrid comenzó a tomar forma un proyecto colectivo que pretendía dar voz a los compositores, defender sus intereses profesionales y, sobre todo, conseguir que sus obras encontraran espacios para ser escuchadas. Durante su presidencia, hasta el año 2000, se sentaron las bases de lo que sería el Festival COMA, cuya primera edición tuvo lugar en 1999. Veintiocho años después, la asociación y su festival siguen siendo parte activa de la vida musical madrileña. En esa continuidad está también la huella de Marisa.

Pero su compromiso con la música nunca se limitó a la defensa de la creación contemporánea. Marisa fue, ante todo, una mujer profundamente comprometida con la visibilidad de las creadoras y con la necesidad de revisar una historia de la música que había relegado sistemáticamente a las mujeres. Pionera en los estudios de género aplicados a la música en nuestro país, impulsó desde los años ochenta iniciativas de divulgación como el programa radiofónico Mujeres en la música, participó en la organización de las Muestras Internacionales de Música de Mujeres de Madrid y editó en 1998 el volumen Música y mujeres, género y poder, una publicación de referencia en la investigación feminista española. Más recientemente, en 2023, nos regaló ¡Mis queridas genias!, un reconocimiento a las compositoras que la habían acompañado e inspirado. Porque para Marisa recuperar la memoria de las mujeres no era solamente reparar una injusticia histórica: era también construir referentes para las generaciones que estaban llegando.
Su propia obra constituye una muestra de esa inquietud creadora, siempre abierta a la experimentación y al diálogo entre lenguajes. Compositora de un catálogo amplísimo, cultivó la música de cámara, la música sinfónica, la creación electroacústica, la música vocal y la ópera. Entre sus trabajos escénicos destacan El cristal de agua fría, con libreto de Rosa Montero; Escenas de la vida cotidiana y, muy especialmente, La Regenta, estrenada en 2023, con libreto de Amelia Valcárcel a partir de la novela de Clarín. Esta última obra, que le valió el Premio Nacional de Música en 2024, es también una expresión de su sensibilidad hacia los personajes femeninos y las relaciones de poder que condicionan sus vidas.
A su faceta de compositora e investigadora se unió una larga dedicación a la enseñanza. Fue profesora y vicedirectora del Conservatorio Profesional de Música Teresa Berganza de Madrid, donde desarrolló durante años una labor pedagógica comprometida con la formación musical. También ejerció responsabilidades en la gestión cultural pública como subdirectora general de Música y Danza del INAEM entre 2007 y 2008. Su trayectoria académica, que culminó con un doctorado en Musicología y el reconocimiento de su investigación sobre el Laboratorio de Informática y Electrónica Musical, refleja esa curiosidad intelectual que nunca abandonó.
Quienes compartimos con ella el camino de la AMCC recordaremos, por encima de los cargos y los reconocimientos, a la compañera que creyó en la necesidad de unirnos, de organizarnos y de trabajar colectivamente por la música que escribíamos. Recordaremos también a una mujer de personalidad intensa, inquieta, comprometida, capaz de defender sus convicciones y de abrir caminos allí donde apenas había precedentes.
Su trayectoria nos deja una herencia que va mucho más allá de sus partituras: la de haber contribuido a que otras músicas, otras voces y otras mujeres ocuparan el lugar que les correspondía. Y nos deja, a quienes formamos parte de la AMCC, el orgullo y la responsabilidad de continuar aquel proyecto que ella ayudó a fundar hace ya más de un cuarto de siglo.
Desde la AMCC queremos trasladar nuestro abrazo más sincero a su familia, amistades y a todas las personas que compartieron con ella su vida y su trabajo. Sabéis que hemos estado siguiendo los acontecimientos desde la distancia debida, respetando el dolor y el proceso necesario. En unos momentos tan mediáticos y despersonalizados como los que vivimos, creemos que hay que aportar un sobrio apoyo.
Gracias, Marisa, por haber abierto camino y por haber formado parte de nuestra historia.
